Confesiones y reflexiones críticas de un sacerdote gay

¡Hola! ¡Encantado! Mi nombre es Jesús. Durante 17 años he sido sacerdote en la iglesia católica. Desde niño comencé a sentir una fuerte atracción por la persona de Jesús. Cuando leía el evangelio sentía el deseo de querer ser como él. Esto me llevó a tomar la decisión de ser sacerdote. A los 19 años ingresé en el seminario metropolitano de Sevilla. Allí realicé los estudios de filosofía y teología previos a la recepción del sacerdocio ministerial. En septiembre de 2003 fui ordenado presbítero y comencé mi andadura pastoral como sacerdote.

Son muchos y muy reconfortantes los recuerdos que tengo de mis años de ministerio sacerdotal. Las personas con las que tuve la suerte de convivir durante todo ese tiempo marcaron mi vida para siempre. En las diferentes parroquias siempre me vi rodeado del cariño y afecto de innumerables feligreses con los que trabajé codo a codo. Son muchas y buenas las amistades que aún conservo. Me siento satisfecho y orgulloso del trabajo que realicé.

En la iglesia desempeñé diferentes responsabilidades pastorales y ministeriales. Párroco, arcipreste, vicario episcopal de zona, profesor de teología, acompañante espiritual, predicador y un largo sinfín de tareas que ocupaban mi jornada diaria.  

A los ocho años de mi ordenación sacerdotal, fui enviado a Roma a cursar estudios de licenciatura y doctorado. En la capital italiana permanecí cuatro años que concluyeron con la defensa de la tesis de doctorado en Teología, con especialización en Teología Espiritual. Un trabajo teológico, sobre las enseñanzas del beato Marcelo Spínola, que he tenido la suerte de publicar gracias a la ayuda de la Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla y de la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón.

Sin embargo, a pesar de la ilusión y el entusiasmo con que he vivido mi vocación sacerdotal,  siempre me he sentido insatisfecho, triste e infeliz. La soledad y el sinsentido han estado presentes en mi vida. Durante muchos años he aceptado resignadamente esta contradicción, pensando que no podía hacer nada para evitarla. ¡Incluso creía que así debía ser mi existencia! Me negaba a reconocer que algo no encajaba en mi vida. Prefería no tomar conciencia de ello, para no tener que tomar las riendas de mi vida y reconocer, con decisión y valentía, que algo no funcionaba.

Pero el conflicto personal en el que vivía aumentaba exponencialmente y, cada día que pasaba, me resultaba mas difícil seguir adelante. Hasta que llegó un momento, en el que no supe gestionar el violento torbellino de emociones contradictorias y desagradables que zarandeaban mi vida y, sencillamente, exploté. No fui capaz de resolver sensatamente el conflicto interior que tenía y me lancé a experimentar sensaciones incontroladas que pronto empezaron a pasarme factura. Necesité tocar fondo y experimentar el vacío interior que uno siente cuando su vida no tiene sentido y la única salida que vislumbra es la de quitarse de en medio. Como el Ave Fénix, necesité desvanecerme en mis propias cenizas para renacer gloriosamente de ellas. Tuve que experimentar el límite de mi propia insatisfacción y miseria para resurgir con decisión y valentía. Y, precisamente, cuando decidí aceptarme tal y como soy, como Dios me ha creado, todo empezó a cambiar en mi vida. ¡Empecé a ser yo mismo y a experimentar la felicidad! Esto sólo fue posible gracias al apoyo incondicional de mi familia y a la ayuda terapéutica de quienes me han atendido.

En febrero de 2020 manifesté abiertamente mi orientación homosexual al arzobispo y, consecuentemente, fui apartado del ejercicio del ministerio sacerdotal y de las diferentes responsabilidades que desempeñaba en la diócesis. Y aunque me ofreció la posibilidad de continuar ejerciendo el sacerdocio en otro lugar sin mostrar mi condición gay, ya no estaba dispuesto a seguir dentro del armario ni a continuar con una vida sexual reprimida. Me hubiese encantado poder seguir siendo sacerdote y dedicarme con solicitud a los demás. Pero mi decisión era firme e irrevocable: ¡Jamás volver a ocultar mi homosexualidad! Ser rechazado por la iglesia católica ha sido el precio que he tenido que pagar para vivir en la libertad de los hijos de Dios. ¡Curiosa contrariedad!

La iglesia católica, y muchas otras iglesias y comunidades cristianas, se equivocan cuando rechazan la homosexualidad. Y no sólo se equivocan, sino que al no respetar a las personas homosexuales, atentan gravemente contra los derechos fundamentales y libertades públicas de quienes hemos sido creados por Dios con una orientación sexual diversa, fomentando así la discriminación y homofobia en la sociedad. Ser gay no se elige, es algo innato. Es la orientación sexual con la que uno nace. 

Según la iglesia católica, en la biblia existen relatos que supuestamente, condenan y rechazan la homosexualidad. Esto no es cierto. En los textos bíblicos más primitivos ni siquiera se utiliza el término “homosexualidad”. Lo que hace la iglesia para justificar su postura, es recurrir a las traducciones que, a lo largo de la historia, ella misma ha hecho de aquellos textos primitivos. Traducciones en las que el traductor eclesiástico ha incorporado términos y conceptos que no existían en el texto primitivo. ¡Condenar la homosexualidad utilizando la Sagrada Escritura es manipular la Biblia y traicionar el espíritu en el que fue escrita! Necesitamos aprender a leer e interpretar la Biblia empleando los métodos exegéticos y filológicos apropiados, y sobre todo, remontándonos a los textos más primitivos. En este sentido, debemos aprender a interpretar las traducciones que usamos habitualmente de la Biblia, ya que suelen hacer uso de términos que no se encuentran en los textos más primitivos. Como ocurre con el vocablo “homosexualidad”. 

Pero, regresemos a mi historia personal. Después de salir del armario, recurrí a la ayuda terapéutica de diversos profesionales de la salud. Necesité distanciarme física, mental, emocional y espiritualmente de toda mi vida anterior. Por eso tuve que desaparecer. Algunos han llegado a decir que me tragó la tierra. Sólo así pude atenderme personalmente, resolver los conflictos interiores que me atormentaban y recuperarme de la depresión que padecí. Gracias a Dios, todo esto ha sido superado y, en la actualidad me encuentro feliz, satisfecho, orgulloso y pleno. Reinventado por completo y dispuesto a seguir adelante.

Pero, ¿por qué he salido del armario, pública y abiertamente, a través de las redes sociales? Porque estoy convencido que mi testimonio de vida puede ser muy útil y beneficioso. Quiero ayudar, humana y espiritualmente, a quien se encuentre en situaciones similares a las que he vivido, a quien se sienta atormentado por inseguridades y temores provenientes de la homofobia interiorizada, a quien sufra rechazo por tener una orientación sexual diversa. Deseo acompañar a quien tenga dificultades para aceptar su orientación no heterosexual. Tenderle la mano y compartir mi experiencia. Ayudar a quien sufre el tormento del estigma social de la heteronormatividad y el patriarcado. Si hay alguien que conoce sus reglas y la fuerza de su poder, soy yo. Sé lo duro que es sentirse incomprendido y rechazado, lo que uno siente cuando es excluido y segregado.

Quiero ayudarte a ti, hermano o hermana LGBTIQ+, que te sientes confundida y padeces el menosprecio y la violencia de la homofobia social y la homofobia interiorizada, que has sufrido el rechazo de la iglesia; a ti, madre o padre incomprendido y señalado, que no aceptas a tu hijo gay o a tu hija lesbiana porque sientes que vas en contra de Dios y de la iglesia, o que habiéndole aceptado, sufres el oprobio y la incomprensión de tu comunidad; a ti, hermano consagrado o sacerdote, que tienes una orientación sexual diversa y vives en conflicto; a ti, que reconoces la necesidad de debatir sobre la postura de la iglesia respecto a la sexualidad, la diversidad sexual y la identidad de género. Quisiera poner mi granito de arena. Quisiera que también tú puedas y sepas afrontar con inteligencia las situaciones angustiosas que vives y te causan daño. Siempre me he entregado al excluido. A lo largo de los años en que ejercí el ministerio sacerdotal dentro de la iglesia me he ocupado, principalmente, de las personas que la sociedad rechaza. ¿Cómo no iba yo a tenderte la mano, siendo yo mismo uno de esos rechazados?

Si a través de mi ayuda consigo evitar un solo suicidio más, cualquiera de mis esfuerzos habrá valido la pena. Y lo digo, porque yo mismo cuando he querido poner en práctica lo que enseña la iglesia sobre la diversidad, me he visto abocado a tener que negarme a mí mismo. Encerrado en esta tensión he sido arrastrado hacia la muerte. Incitado por pensamientos obsesivos y emociones desagradables, he buscado la salida a través del suicidio. No me cabe la menor duda de que muchos chicos y chicas, e incluso compañeros sacerdotes o religiosos, que se han quitado la vida, han sido víctimas trágicas que no tuvieron la fuerza y los apoyos suficientes para superar sus conflictos. Ante este panorama, ¿cómo voy a seguir callado, ocultando mi testimonio? Nadie enciende una lámpara para esconderla o ponerla debajo de la cama. Se enciende para ponerla en un lugar alto y que alumbre a toda la casa. Estoy aquí porque sé que puedo ayudar a muchas personas y no quiero dejar que la luz de mi vida se apague.

Además, es comprensible que, al haber desempeñado diferentes cargos y responsabilidades públicas en la iglesia católica, sea conocido por muchas personas y que estas quieran saber qué ha sido de mí. Es razonable que se hagan preguntas: ¿cómo es posible que, habiendo desarrollado un apostolado intenso y eficaz, haya preferido manifestar abiertamente su homosexualidad y abandonar el sacerdocio? Muchos no lo comprenderán. Otros no tendrán ni siquiera la intención de entenderlo, pero al menos sabrán mi verdad y con ello me basta. También me dirijo a quienes se han interesado auténticamente por mi salud y situación durante los años en los que he estado ausente.

Mi deseo no es generar odio contra la iglesia católica u otras iglesias cristianas. Mi intención es sacar a la palestra estos temas para que se discutan, y construir un discurso crítico que enriquezca a la comunidad eclesial, y a la sociedad en general, aunque ponga al descubierto sus pecados y miserias. La iglesia teoriza, habla y enseña a vivir la sexualidad de manera inhumana y represiva, intentando convencer a las personas que quieren vivir la fe conforme a la verdad del evangelio, que los valores que ella impone son imprescindibles. Por eso muchas personas se distancian de la vida eclesial, porque necesitan comprender razonablemente las cosas, mientras que la iglesia intenta imponérselas irracionalmente. En materia sexual, las autoridades eclesiales van en contra de lo que la naturaleza humana enseña y la ciencia demuestra, generando así mucho sufrimiento y obligando a las personas a abandonar la comunidad cristiana. 

Es necesario desarrollar un enfoque diferente, renovado, comprensivo e integrador de la sexualidad humana. Superar la visión obsoleta y enfermiza que muchas iglesias cristianas tienen de la homosexualidad. Una perspectiva que no ha cambiado desde hace siglos y que continúa siendo irreflexiva, irracional y fundamentalista. Continuar pensando en el siglo XXI, que las orientaciones no heterosexuales y las identidades de género no binarias tienen un origen enfermizo, pecaminoso o diabólico, es un completo desatino. Pretender sanar a las personas diversas mediante terapias curativas u oraciones de liberación, es negar malintencionadamente la evidencia científica. 

Quiero poner al servicio de todos mi conocimiento teológico, experiencia espiritual y pastoral como sacerdote católico gay, para desarrollar, transformar, renovar y liberar el discurso religioso en torno a la homosexualidad, con herramientas que las ciencias y las disciplinas actuales proveen, con un espíritu conciliador que busca despojar al discurso del odio y las fobias que ahora produce y del mucho daño que genera. Me encantaría trabajar en alguna institución, asociación, fundación o empresa que promueva estos valores y en la que poder desarrollarme profesionalmente. Estoy abierto a todas las propuestas que se me ofrezcan. En mi web encontrarás un formulario de contacto.

Y si compartes mis planteamientos e ilusiones, te agradecería que me ayudaras a divulgar los valores y enseñanzas que transmito en mis vídeos. Y ya sabes,“eres único, sé tú mismo”. Un fuerte abrazo. ¡A tu disposición!